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ORACIÓN DE UN DESOCUPADO

Juan Gelman, último Premio Cervantes, nos trae esta oración que quiero que sientas. Y ya puestos, me expresas tus infraleves, las impresiones que tras su lectura te dejan sus palabras, lasimpresiones que se remueven en tu interior. Verás que el tono es sencillo, directo, casi coloquial. Aún así algún tipo de sentimiento lo domina todo. ¿Cuál?

Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello

de «Violín y otras cuestiones»

NADA LEO, 13

En este capítulo Andrea continúa descubriendo los ambientes artísticos y bohemios de otros compañeros de la facultad y amigos, también, de Ena. Se habla de Pons, Guisols, … La descripción de Santa María del Mar también es reveladora y precisa. ¿Cómo es esta relación entre Pons y Andrea?

Una tarde encontré a Pons en la biblioteca de la universidad. Se puso muy contento al verme.
—¿Vienes mucho por aquí? Antes no te veía.
—Sí, vengo a estudiar… Es que no tengo libros…
—¿De veras? Yo te puedo prestar los míos. Mañana te los traeré.
—¿Y tú?
—Ya te los pediré cuando me hagan falta. Al día siguiente, Pons llegó a la universidad con unos libros nuevos, sin abrir.
—Puedes conservarlos… Este año han comprado en casa los textos por partida doble.

Yo estaba tan avergonzada que tenía ganas de llorar. Pero ¿qué le iba a decir a Pons? Él estaba entusiasmado.
—¿Ya no eres amiga de Ena? —me preguntó.
—Sí, es que la veo menos, por los exámenes…

Pons era un muchacho muy infantil. Pequeño y delgado, con unos ojos a los que daban dulzura sus pestañas, muy largas. Un día lo encontré en la universidad terriblemente excitado.
—Oye, Andrea, escucha… No te lo había dicho antes porque no teníamos permiso para llevar a chicas. Pero yo he hablado tanto de ti, he dicho que eras distinta…, en fin, se trata de mi amigo Guíxols y él ha dicho que sí, ¿entiendes?

Yo no había oído hablar nunca de Guíxols.
—No, ¿cómo voy a entender?
—¡Ah! Es verdad. Ni siquiera te he hablado nunca de mis amigos… Estos de aquí, de la universidad, no son realmente mis amigos. Se trata de Guíxols, de Iturdiaga principalmente…, en fin, ya los conocerás. Todos son artistas, escritores, pintores…, un mundo completamente bohemio. Completamente pintoresco. Allí no existen convencionalismos sociales…, Pujol, un amigo de Guíxols…, y mío también, claro…, lleva chalina y el cabello largo. Es un tipo estupendo… Nos reunimos en el estudio de Guíxols, que es pintor…, un muchacho muy joven…, vamos, quiero decir joven como artista, por lo demás tiene ya veinte años, pero con un talento enorme. Hasta ahora no ha ido ninguna muchacha allí. Tienen miedo a que se asusten del polvo y que digan tonterías de esas que suelen decir todas. Pero les llamó la atención lo que yo les dije que tú no te pintabas en absoluto y que tienes la tez muy oscura y los ojos claros. Y, en fin, me han dicho que te lleve esta tarde. El estudio está en el barrio antiguo…

Ni siquiera había soñado que yo pudiera rechazar la tentadora invitación. Naturalmente, lo acompañé.
Fuimos andando, dando un largo paseo, por las calles antiguas. Pons parecía muy feliz. A mí me había sido siempre extraordinariamente simpático.
—¿Conoces la iglesia de Santa María del Mar? —me dijo Pons.
—No.
—Vamos a entrar un momento si quieres. La ponen como ejemplo del puro gótico catalán.

A mí me parece una maravilla. Cuando la guerra la quemaron…

Santa María del Mar apareció a mis ojos adornada de un singular encanto, con sus peculiares torres y su pequeña plaza, amazacotada de casas viejas enfrente.
Pons me dejó su sombrero, sonriendo al ver que lo torcía para ponérmelo. Luego entramos. La nave resultaba grande y fresca y rezaban en ella unas cuantas beatas. Levanté los ojos y vi los vitrales rotos de las ventanas, entre las piedras que habían ennegrecido las llamas. Esta desolación colmaba de poesía y espiritualizaba aún más el recinto. Estuvimos allí un rato y luego salimos por una puerta lateral junto a la que había vendedoras de claveles y de retama. Pons compró para mí pequeños manojos de claveles bien olientes, rojos y blancos. Veía mi entusiasmo con ojos cargados de alegría.

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TUYA ES LA TIERRA SI … ORACIONES SUBORDINADAS ADVERBIALES CONDICIONALES

La publicidad nos ha recuperado este texto de R. Kipling . Al hacerlo nos ha traído por un lado un mensaje limpio y nítido cargado de esperanza y de futuro, y por otro, las oraciones subordinadas adverbiales condicionales . ¿Qué sensación te queda tras su lectura?

Si puedes mantener intacta tu firmeza
cuando todos vacilan a tu alrededor,
si cuando todos dudan, fías en tu valor
y al mismo tiempo sabes perdonar su flaqueza…

Si sabes esperar y a tu afán poner brida,
si siendo blanco de mentiras esgrimes la verdad
O siendo odiado, al odio no le das cabida
y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad…

Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey,
si piensas y el pensar no mengua tus ardores,
si el triunfo y el desastre no te imponen su ley
y los tratas igual que a dos impostores….

Si puedes soportar que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados,
o mirar hecha trizas tu dorada quimera
para tornar a forjarla con útiles mellados…

Si todas tus ganancias puestas en montón
las arriesgas osado en un golpe de azar
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus perdidas, vuelves a comenzar…

Si puedes mantener en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante,
para emplearlo cuando en ti todo flaquea
menos la voluntad que te dice ¡adelante!…

Si entre la turba das a la virtud abrigo,
si no pueden herirte ni amigo ni enemigo,
si marchando con reyes del orgullo has triunfado,
si eres bueno con todos pero no demasiado…

Y si puedes llenar el preciso minuto
con sesenta segundos de un esfuerzo supremo
tuya es la tierra y todo lo que en ella habita,
y lo que es más: serás un hombre, hijo mío.