291 Había una vez un principe enano y siete cerditos

Publicado el 1 junio 2015
Archivado en Narración | 1 comentario

Cuando sobre las historias que todos conocemos empezamos a hacer ligeros retoques el terremoto de ideas ya está servido. Todo cambia de lugar y no hay quien resista al deseo de añadir sus propias ocurrencias. Si no tienes a tu lado a ningún pequeño sabiondo podrás inventar a tus anchas. A algunos pequeños no les gusta nada que sus historias favoritas sufran alguna alteración pero es inevitable que en un determinado momento de nuestra vida nos replanteemos la conveniencia de esas historias entrañables que nos han contado miles de veces.

Hoy es el momento perfecto para empezar a ver el mundo infantil desde una perspectiva distinta. Si tienes ciertas referencias sobre los siete enanitos este título de hoy, un príncipe enano y siete cerditos, puede alterar tus presentimientos sobre lo que en esta historia realmente podrá suceder. Y de eso se trata.

Escribes tu nuevo cuento a partir de un nuevo título que imaginarás desde los ya conocidos. ¿Tendré que darte pistas? Mira la fotografía.

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Comentarios

Una respuesta para “291 Había una vez un principe enano y siete cerditos”

  1. Ramón Rodríguez on octubre 25th, 2015 12:32 am

    Caperucita y los 7 enanitos.
    Un día muy soleado la mítica caperucita roja, tras su trauma de la historia del lobo, decidió salir adelante caminando por el bosque como solía hacerlo, apreciaba la naturaleza y se preguntaba cómo ha de pasar tanto tiempo encerrada en el pasado de cuatro paredes, una barrera psicológica que le imposibilitaba traspasar la puerta de su pequeña casa, y que después de lo ocurrido se ha dado a la tarea de pensar en esos hechos que el lobo cometió en su contra y en contra de su abuela, ¿cómo fue capaz? ¿Por qué ella? Siempre lo estuvo pensando y se limitaba a culparse de su conocido incidente, mientras caminaba, trataba de no pensar en aquel día, miraba los árboles con miedo a que de alguno de ellos fuese a asaltarla una criatura monstruosa y terrorífica, de pronto entre par de arbusto y un gran árbol logró ver a un grupo de pequeños hombrecillos que entre habladurías y escandalo se encontraban discutiendo, diferencio a lo lejos que llevaban consigo un gorro muy singular y puntiagudo.
    Decidió acercarse a los hombrecillos, los que a notar su presencia se quedaron perplejos y observaron por algunos segundos, miraron sus caras y siguieron discutiendo como si ella no estuviese allí. Ella un poco impactada por su tamaño, los observó y los detalló en lo posible, no parecían criaturas temibles ni malvadas, pero estaba atenta a cualquiera de sus movimientos mientras saciaba su curiosidad. La pequeña caperucita mientras escuchaba la discusión decidió entrometerse y decirles a los hombrecillos:
    –¡No discutan, todo puede tener una solución si hablan de una manera tranquila y calmada!
    Todos la miraron impactados a sus palabras y mantuvieron silencio, entonces fue cuando Gruñón, le respondió:
    –Niña, vete de aquí, este ni siquiera es tu cuento.

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