242 Un doble que te lleva a situaciones extremas

Publicado el 16 marzo 2011
Archivado en CREACION, el doble, EXPRESION, Narración | 1 comentario

A todo el mundo le ha pasado alguna vez. Hay momentos en la vida en los que uno se desdobla y hace cosas que otra parte de sí mismo, su doble podríamos decir, no quiere. Mejor lee a Millás:

JUAN JOSÉ MILLÁSEstábamos 10 o 12 personas en el interior de la sucursal bancaria de la esquina, cuando entró un tipo fuera de sí blandiendo una pistola. Tras ordenar que nos sentáramos en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y las manos sobre las rodillas, exigió la combinación de la caja fuerte. Supe de súbito que aquel atracador era yo. Lo supe de un modo intuitivo, claro, no racional, pero sin lugar a dudas de ninguna de clase. Lo malo es que el resto de los clientes debieron de notarlo también, lo digo por la forma en que comenzaron a mirarme. Se me ocurrió, para disimular, interpelar con dureza al atracador, que me respondió con un tiro en el pie derecho. La bala atravesó el zapato, rompió los huesos que halló a su paso y salió por la suela, incrustándose en el suelo. No me dolió, pero me incomodó ver el agujero, del que comenzó a salir perezosamente una sangre más negra que roja. El tiro, lejos de disipar mi convicción de que yo era el que empuñaba la pistola, me afianzó en ello, igual que al resto de las víctimas, por lo que volví a encararme con el atracador, esta vez llamándole hijo de perra. La respuesta fue un nuevo disparo, en el otro pie. A ver si de este modo, me dije, he logrado desviar la atención de mí. Pero eché una ojeada a mi alrededor y comprobé, por el modo en que continuaban mirándome, que no. ¿Qué hacer? Sentía una vergüenza enorme. Pensaba en mi familia, en mis amigos; también, absurdamente, en los críticos literarios. Entonces me abrí teatralmente la camisa y pedí a gritos al atracador que me matara, suponiendo que mi muerte disiparía todas las sospechas. El tipo se volvió hacia mí, me pegó un tiro en el pecho y me morí.

No supe qué dijeron al día siguiente los periódicos, ni los críticos. Pero di por bien empleado el sacrificio si sirvió para que nadie se diera cuenta de que yo era él.

Saludos.

A ver qué hacemos con esta historia típica de doble de Millás. Creo que bastará con imaginar una situación extrema. Tendrás que reaccionar ante las circunstancias defendiédote de ti mismo. Ese el el camino de la resolución del conficto.

Comentarios

Una respuesta para “242 Un doble que te lleva a situaciones extremas”

  1. Luisa on octubre 12th, 2015 12:05 pm

    Aquel día vi a una mujer planificando la muerte de un sujeto, comentaba ella que ese sujeto llevaba ya algún tiempo fastidiándola, hablando de ella desmesuradamente, haciéndolo una guerra de desprestigio y ella estaba allí con un grupo de personas planificando su muerte, las armas largas que estaban, el grupo se encontraba dando los últimos ajustes. Estaban decididos acabar con la vida de este.

    Llegan a un centro comercial el grupo y yo estaba allí comiéndome un helado, cuando veo al grupo bajar, yo sé que soy esa mujer y me asusto mucho, pensaba que pasaría si de verdad cometiera el acto, estos en el momento encañonan al sujeto y lo amenazan, y yo digo que debo hacer algo; el hombre temblaba y ella le reclamaba todo lo que había hecho en su contra, el hombre suplicaba misericordia, pero la mujer estaba decidida a cometer el acto; yo planifico que hacer, debo detenerla, las consecuencias para ella luego serían terribles, la conciencia la atormentaría, estoy casi segura de que no podría vivir con eso, o es posible que las autoridades la detengan y sus días terminen en un agujero, solitario y húmedo de un reformatorio o de una cárcel. Ella le tiembla el pulso, ya está decidida a darle en toda la sien, y yo me desespero me veo allí, que soy yo y decido gritarle, gritarle alto, gritarle mucho, yo me desespero otra vez, pienso en lo que me pueda pasar a mí, ella se detiene al oír mi voz, parece que me reconociera, da un alto y todo se queda en silencio, le hace seña al grupo de retirada, le aloja al sujeto un disparo certero en una mano que hace que la extienda y luego a la otra; y así se retira, dejándolo herido paro no muerto. Sude frío, me voy corriendo yo por otro lado, para que el resto no me reconozca.

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