Una escena de cine

Publicado el 31 mayo 2009
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Hay en “Los Detectives Salvajes” (Roberto Bolaño) una primera parte que lleva por título “Mejicanos perdidos en Méjico. 1975” que en primera persona nos cuenta la iniciación literaria y vital del joven de 17 años Juan García Madero. El final es claramente de cine, cinematográfico quiero decir, o sea que lees y ves, a la vez, en tu mente cómo la cámara encuadra la secuencia. Hay un coche que se pone en marcha y que ante la amenaza de una fuerza superior, empuja al protagonista a entrar en él y perderse para siempre. Lees y ves. Lees y te sientes llevado por el Impala hacia una nueva vida. Comprueba.


Escuché voces, me llamaban, a mi lado pasó el coche de Quim, vi la silueta de Alberto que bajaba del Camaro y de un salto estaba junto al coche en donde iban mis amigos. Sus acompañantes, sin bajarse, le gritaban que rompiera una de las ventanas del Impala. ¿Por qué no acelera?, pensé. El padrote de Lupe empezó a patear las puertas. Vi a María que avanzaba por el jardín hacia mí. Vi las caras de los matones en el interior del Camaro. Uno de ellos fumaba un puro. Vi el rostro de Ulises y sus manos que se movían por el tablero de mandos del coche de Quim. Vi la cara de Belano que miraba impasible al padrote, como si la cosa no fuera con él. Vi a Lupe que se tapaba la cara en el asiento trasero. Pensé que el vidrio de la puerta no iba a resistir otra patada y de un salto me vi junto a Alberto. Luego vi que Alberto se tambaleaba. Olía a alcohol, seguramente ellos también habían estado celebrando el fin de año. Vi mi puño derecho (el único libre pues en la otra mano llevaba mis libros) que se proyectaba otra vez sobre el cuerpo del padrote y en esta ocasión lo vi caer. Sentí que me llamaban de la casa y no me volví. Pateé el cuerpo que estaba a mis pies y vi el Impala que por fin se movía. Vi salir a los dos matones del Camaro y los vi dirigirse hacia mí. Vi que Lupe me miraba desde el interior del coche y que abría la puerta. Supe que siempre había querido marcharme. Entré y antes de que pudiera cerrar Ulises aceleró de golpe. Oí un disparo o algo que parecía un disparo. Nos han disparado, hijos de la chingada, dijo Lupe. Me volví y a través de la ventana trasera vi una sombra en medio de la calle. En esa sombra, enmarcada por la ventana estrictamente rectangular del Impala, se concentraba toda la tristeza del mundo. Son fuegos artificiales, oí que decía Belano mientras nuestro coche daba un salto y dejaba atrás la casa de las hermanas Font, el Camaro de los matones, la calle Colima y en menos de dos segundos ya estábamos en la avenida Oaxaca y nos perdíamos en dirección al norte del DF.
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Mi propuesta es que evoques alguna de esas escenas de cine que mejor recuerdas, que más te vienen a la mente, que te resultan inolvidables. Ya se sabe que cine y literatura están muy unidos. No es que la literatura necesite al cine pero sí, está comprobado, que el cine busca, de forma desesperada, buenas novelas para adaptarlas. Ya sabes del estreno del último gran éxito literario, sí, “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Tiene problemas el cine para ser independiente. La literatura es su novia inseparable.¿Qué te parece Casablanca, El Padrino, Lo que el viento se llevó, …?

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