LA TÉCNICA DE BERNARDO: UN CUENTO EN CINCO MINUTOS

Publicado el 29 mayo 2008
Archivado en CREACION, CUENTO EXPRESS, DOS PALABRAS, EXPRESION, Narración | 2 comentarios

Para escribir un cuento en sólo cinco minutos es necesario que consiga -además de la tradicional pluma y del papel blanco, naturalmente- un diminuto reloj de arena, el cual le dará cumplida información tanto del paso del tiempo como de la vanidad e inutilidad de las cosas de esta vida; del concreto esfuerzo, por ende, que en ese instante está usted realizando. No se le ocurra ponerse delante de una de esas monótonas y monocolores paredes modernas, de ninguna manera; que su mirada se pierda en ese paisaje abierto que se extiende más allá de su ventana, en ese cielo donde las gaviotas y otras aves de mediano peso van dibujando la geometría de su satisfacción voladora. (…)
Ahí siguen las gaviotas, ahí siguen los gorriones, y ahí sigue también -en la estantería que está a su izquierda- el grueso diccionario. Tómelo con sumo cuidado, como si tuviera electricidad, como si fuera una rubia platino. … Dentro de ese libro está todo, absolutamente todo; el poder de esas palabras, créame, es infinito.
(…)Y de pronto, como si fuera una estrella errante, la primera hermana se despierta y viene donde usted, entra dentro de su cabeza y se tumba, humildemente, en su cerebro. Debe transcribir inmediatamente esa palabra, y transcribirla en mayúsculas, pues ha crecido durante el viaje. Es una palabra corta, ágil y veloz; es la palabra RED.
Y es esa palabra la que pone en guardia a todas las demás, y un rumor, como el que se escucharía al abrir las puertas de una clase de dibujo, se apodera de toda la habitación.(…) La segunda palabra desciende de la pluma deslizándose a dos manos para luego saltar a la plumilla y hacerse con la tinta un garabato. Este garabato dice: MANOS.
Como si abriera un sobre sorpresa saluda a ese nuevo paisaje, a esa frase que viene empaquetada en un paréntesis: (Sí, me cubrí el rostro con esta tupida red el día en que se me quemaron las manos.)
Ahora mismo se han cumplido los tres minutos. Pero he aquí que no has hecho sino escribir lo anterior cuando ya te vienen muchas oraciones más, muchísimas más, como mariposas nocturnas atraídas por una lámpara de gas. Tienes que elegir, es doloroso, pero tienes que elegir. Así pues, piénsatelo bien y abre el nuevo paréntesis: (La gente sentía piedad por mí. Sentía piedad, sobre todo, porque pensaba que también mi cara había resultado quemada; y yo estaba segura de que el secreto me hacía superior a todos ellos, de que así burlaba su morbosidad.)
Todavía te quedan dos minutos. Ya no necesitas el diccionario, no te entretengas con él. Atiende sólo a tu fisión, a tu contagiosa enfermedad verbal que crece y crece sin parar. Por favor, no te demores en transcribir la tercera oración: (Saben que yo era una mujer hermosa y que doce hombres me enviaban flores cada día.)
Transcribe también la cuarta, que viene pisando los talones a la anterior, y que dice: (Uno de esos hombres se quemó la cara pensando que así ambos estaríamos en las mismas condiciones, en idéntica y dolorosa situación. Me escribió una carta diciéndome, ahora somos iguales, toma mi actitud como una prueba de amor.)
Y el último minuto comienza a vaciarse cuando tú vas ya por la penúltima frase: (Lloré amargamente durante muchas noches. Lloré por mi orgullo y por la humildad de mi amante; pensé que, en justa correspondencia, yo debía hacer lo mismo que él: quemarme la cara.)
Tienes que escribir la última nota en menos de cuarenta segundos, el tiempo se acaba: (Si dejé de hacerlo no fue por el sufrimiento físico ni por ningún otro temor, sino porque comprendí que una relación amorosa que empezara con esa fuerza habría de tener, necesariamente, una continuación mucho más prosaica. Por otro lado, no podía permitir que él conociera mi secreto, hubiera sido demasiado cruel. Por eso he ido esta noche a su casa. También él se cubría con un velo. Le he ofrecido mis pechos y nos hemos amado en silencio; era feliz cuando le clavé este cuchillo en el corazón. Y ahora sólo me queda llorar por mi mala suerte.)
Y cierra el paréntesis -dando así por terminado el cuento- en el mismo instante en que el último grano de arena cae en el reloj.

Bernardo Atxaga,
Obabakoak.

Y AHORA TÚ. DESPACIO, VAS HASTA LA ESTANTERÍA DESCUELGAS EL GRUESO DICCIONARIO. LO ABRES AL AZAR Y……. YA TIENES UNA PALABRA. LA COLOCAS EN LA CABECERA DE TU ESCRITO. ABRES POR OTRO LUGAR NUEVAMENTE EL DICCIONARIO Y YA ESTÁ OTRA PALABRA. LA COPIAS TAMBIÉN EN LA CABECERA.

Esas dos palabras se asocian en una primera frase. El resto es ya coser y cantar. (Y TOTAL, 100 PALABRAS NO ES NADA)

Comentarios

2 Respuestas para “LA TÉCNICA DE BERNARDO: UN CUENTO EN CINCO MINUTOS”

  1. Anonymous on agosto 21st, 2009 7:24 pm

    Escribir forma parte de mi manera de vivir, por eso puedo decir que he comprobado en repetidas ocasiones (en aquellos días en que la imaginación nos abandona o que las ideas no fluyen tal como quisiéramos) que este recurso de relacionar palabras –y mucho mejor si entre ellas aparentemente y en un principio no existe ninguna relación-, funciona. Y funciona muy bien, ya que te estimula la creatividad, la imaginación… Lo aconsejo a quien se quede “en blanco” de vez en cuando. Grocdefoc

  2. Eingana on enero 15th, 2010 1:17 am

    También había escuchado de esta técnica. Soy escritora principiante y aficionada, lo probé y salió bien. Voy a volver a probarlo hasta que salga "muy" bien! Saludos y felicitaciones por el blog.

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