ACABÓ EUROVISIÓN. VOLVAMOS A LA NORMALIDAD

Publicado el 25 mayo 2008
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El experimento económico mediatico funcionó. Todos nos vimos obligados a conocer a Chiquilicuatre. Espero que, a partir de ahora, quienes deseamos olvidarle lo antes, posible podamos hacerlo.

FUENTE: TERRA. No ha ganado el Festival de Eurovisión y hasta parece ser lo de menos que haya quedado en el puesto dieciséis, porque Chikilicuatre era antes y seguirá siendo el ‘producto’ ganador de esta edición, gracias a una campaña que ha reportado enormes beneficios a sus creadores y a buen seguro seguirá generándolos.


La incógnita ahora es saber cuánto tiempo va a dejar pasar Rodolfo Chikilicuatre para volver a su ser, al del actor catalán de 37 años David Fernández, cuándo va abandonar o le van a dejar guardar para siempre su guitarra ‘Luciana’, el tupé postizo, las gafas y esa particular vestimenta y acento argentino que desde el pasado febrero le acompaña.

Porque el ‘show’ tal vez deba continuar un tiempo, hasta que el ‘boom’ harte y se olvide como otros, hasta que deje de vender y sólo pase a ser recordado como una de las bromas y ‘frikadas’ más exitosas de los últimos tiempos.

Y es que éste fue el comienzo, una broma de la cadena de televisión La Sexta y, en concreto, del programa de Andreu Buenafuente, a principios de febrero, cuando sus guionistas parieron a Rodolfo Chikilicuatre, un personaje que presumía de haber inventado una guitarra ‘vibrador’.

El negocio perfecto no hacía más que dar sus primeros pasos; el Chikilicuatre crecía de la mano de su padrino Andreu Buenafuente y de sus diez guionistas, los verdaderos artífices de la canción ‘Baila el chiki-chiki’, según han confirmado a EFE fuentes cercanas a El Terrat, productora del programa de La Sexta.

Pocos entonces intuían la rápida y exitosa progresión de Chikilicuatre, hasta que el pasado 16 de febrero, Televisión Española (TVE) y el portal de Internet MySpace deciden que fueran los internautas los que, en gran medida, eligieran al representante de España en el festival de Eurovisión.

En total, más de 500 artistas, en su mayoría anónimos, se presentaron; diez fueron los elegidos, cinco en la red donde Chikilicuatre arrasa con cerca de 12.000 votos.

La maquinaria puesta en marcha por TVE y activada por el esperpéntico personaje consigue lo que desde hace muchos años no lograba Eurovisión: recuperar la expectación perdida, que media España se interese sobre el certamen.

El Chiki-chiki se extiende como una plaga, resuena en los móviles polifónicos, invade foros de Internet, al tiempo que levanta duras críticas entre los ‘eurofans’, entre ellos José Luis Uribarri, uno de sus máximos detractores al principio, porque una vez elegido, se cambia la chaqueta y pasa a hacer campaña a favor, convencido de que ‘si Europa tiene sentido del humor, España ganará’.

En definitiva, a nadie deja indiferente el minuto y veinte segundos de ‘perrea perrea’, el ritmo ‘reggaeton’ que se baila ‘en la China y también en Alcorcón’, que ‘lo baila Rajoy, lo baila Hugo Chávez, lo baila Zapatero’ y hasta una mulata ‘con las bragas en la mano’.

Pero sin duda, buena parte del éxito de tan inclasificable canción se debe a su estribillo, los cuatro pasos de este baile que pequeños y mayores tararean y gesticulan sin dudar: ‘uno, el ‘breikindance’; dos, el ‘crusaíto’; tres, el ‘maiquelyason’, y cuatro, el ‘robocop”.

El 8 de marzo, coincidiendo con la jornada de reflexión de las elecciones generales, Chikilicuatre se erige con mayoría absoluta como el representante de España para el festival europeo, con la única condición para lograr el pasaporte definitivo a Belgrado de cambiar parte de la letra y darle un minuto más de duración a la pieza.

Han pasado 76 días y Chikilicuatre y los suyos no han perdido ni un minuto de ese tiempo para llenar de euros la caja del ‘producto’; su agenda ha contado con actuaciones en el estadio madrileño del Vicente Calderón antes de la final de la Copa del Rey, en el encendido de las luces de la Feria de Abril en Sevilla o en el gran premio de Motociclismo de Jerez.

Tanta popularidad ha empujado a que Chikilicuatre sea el protagonista de la última campaña publicitaria de la ONCE, a que RTVE (Radio Televisión Española) distribuya a través de su portal los recortables para que los internautas puedan lucir, aunque sea de papel, las enormes gafas modelo pera del Chikilicuatre o su tupé, e incluso, a que la guitarra de juguete llegue a manos del Papa Benedicto XVI.

Todo sin contar con los ingresos por cada descarga de móvil con la sintonía o los derechos de autor generados cada vez que se pinche el chiki-chiki, una canción que antes de tiempo ya es tema del verano, está a punto de destronar a ‘Paquito el chocolatero’ en bodas o verbenas y, por encima de todo, se ha convertido en una de las fábricas más productivas de hacer euros.

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