NADA LEO, 14

Publicado el 11 febrero 2008
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Los exámenes de aquel curso eran fáciles, pero yo tenía miedo y estudiaba todo lo que podía.
—Te vas a poner enferma —me dijo Pons—. Yo no me preocupo. El curso que viene será otra cosa, cuando tengamos que hacer la reválida.
La verdad es que yo estaba empezando a perder la memoria. A menudo me dolía la cabeza.
Gloria me dijo que Ena había venido a ver a Román a su cuarto y que Román había estado tocando sus composiciones de violín para ella. Gloria, de estas cosas, estaba siempre bien informada.
—¿Tú crees que se casará con ella? —me preguntó de improviso, con aquella especie de ardor que le comunicaba la primavera.
—¡Ena casarse con Román! ¡Qué estupidez más grande!
—Lo digo, chica, porque ella parece bien vestida, como de buena familia… Tal vez Román quiere casarse.
—No digas necedades. No hay nada entre ellos en ese sentido… ¡Vamos! ¡No seas tonta, mujer! Si Ena ha venido, puedes estar segura de que ha sido sólo por oír la música.
—¿Y por qué no ha entrado a saludarte a ti?
El corazón parecía que se me iba a saltar del pecho, tanto me interesaba todo aquello.
Veía a Ena en la universidad todos los días. A veces cambiábamos algunas palabras. Pero ¿cómo íbamos a hablar de nada íntimo? Ella me había alejado por completo de su vida.

Así comienza el capítulo 14. Un repaso a los estudios y en seguida las relaciones personales. Ena se ha acercado a Román, ¿por qué será? y se ha distanciado, enormemente, de Andrea. Las personas tenemos, a veces, motivaciones ocultas, de las que no siempre somos conscientes que nos llevan a comportarnos de una u otra manera. ¿Será esto lo que está pasando entre Ena y Andrea? ¿Cómo lo ves tú?

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